
Corte by Soledad Pereyra is licensed under a Creative Commons Atribución 2.5 Argentina License.

Zeitgeist by Soledad Pereyra is licensed under a Creative Commons Atribución 2.5 Argentina License.
Archivado en: La Doctora Amor
Mirando mis últimas columnas del blog he notada cómo he dejado de hablar de mí, de lo que realmente me pasa. De alguna forma todo se ha ido neutralizando. Es cierto que mis viejos posteos habían caído en un sentimentalismo absurdo que ya me molestada, pero creo que me he distanciado demasiado de lo que quiero. De lo que está bueno. En muchos aspectos.
Quiero ser feliz. Quiero estar con él. Quiero coquetearle como ella. Quiero ser cursi para alguien.
Hace unos días asistí a la fiesta de mi nuevo Prince y todo gris y gastado como diario viejo, yo era una más en el alfabeto de mujeres que buscaban jugar al scrabble con él. Y creo que ni una jugadora con buenos puntos. Ahí estaba mi Charming contorneando su cintura en un paso de baile un poco torpe junto con rubias, morenas, altas y bajitas. Menos yo.
Me acordé de hace casi un año, cuando me tomé un tren habiendo dormido tres horas para ir a ver a Mc Poet a Stuttgart. Un rollo. Lindo, pero un rollo. Me acordé cuando volvía en otro tren una noche después de ese rollo, con los ojos casi llorando, evitando las lágrimas para no molestar a los otros pasajeros. Esta vez, estuve a punto también de quebrarme, pero como aquella vez de Stuttgart me lo guardé. Una vez más, ahí estaba mi Charming y yo viendo cómo no teníamos ni tendremos una vida juntos.
Él tirando la casa por la ventana. Una fiesta descontrolada con la Sra. Germanística de la comarca friburguense. Yo nadie, una extraña dama. Resguardada por M., mi amiga francesa, quien se compadecía de la jungla en la que yo tenía que manejarme.
Y ahora yo quiero tirar la casa por la ventana. Tirarsela a la cara, ponele. Sólo como rencor o tal vez como gesto melodramatish para que él junte los despojos y volvamos a armar todo juntos.

Terraza del U-Prince
Entre nuestros paseos por la esplendorosa Praga, hicimos algo asquerosamente burgués, desmedido y que sinceramente nos encantó: cenamos en la terraza del viejo Hotel U-Prince, en el medio del Staré Město. Mientras degustábamos nuestros grandiosos tragos -yo me tomé uno con brandy que me copa- y esperábamos la cena, empezamos a ver cómo el atardecer caía sobre los techos del casco antiguo.
Saqué unas fotos con mi telefonich de alta tecnología y aparte unas analógicas con mi cámara de los años sesenta. Fue ahí, cuando más lo extrañé a él.
The Strokes-You only live once
El día que llegamos a Praga, salimos a caminar por las calles que corren paralelas a la orilla del río Moldava, haciendo un pequeña curva que nos llevó al hermoso Staré Město. Durante este caminata no pude evitar ser yo y hacer las pavadas de siempre…

Habemus Penny in Praha!
como llamar la atención y fotografiarme con el cartel del Penny, uno de los supermercados más cutres y más populares de Alemania -sí, donde vamos todos cuando estamos desesperados- que apartentemente tiene también sucursales de su imperio comercial en la República Checa . Porque aunque llegamos a Praga, la Teutonlandia y sus historias estaban también allí, al menos para mí.
Los Rodriguez- Cuando te has ido
“Yo pensé que la que hacía referencia a tu vida amorosa no era la parte de
‘novela’ sino la de ‘entregas’”Dr. Mono (especialista en filosofía medieval y personaje interlocutor de la novela)
(somos fácilmente corrompibles y nos conformamos con la versión de 8GB)

El jueves pasado tuvimos un encuentro entre casi todos los doctorandos de Stevan -un Doktorandentreffen, como se le dice por acá- al que, por supuesto, no quería asistir.

El encuentro consistía en dos días (uno de ellos feriado y el otro viernes, MI día favorito) en una cabania en un pueblo pequenio en las montanias de Alsacia, Francia: Bussang. Las perspectivas de perder dos días de jolgorio, de estar raptada en un paraje alejado de la civilización con un clima que se veía poco amable junto a mi jefe y colegas y de tener que volver a presentar parte de mi trabajo para el posterior knock-out salido de la boca de mis co-doctorandos y de mi tutor, me desagradaban y disgustaban sin remordimientos.
Como siempre, no tenía listo lo que quería presentar.
Como siempre, salí la noche antes y bebí: tuve una cena, después pasé por lo de C. y continuamos el aplacamiento de sed con bebidas espirituosas. Encima, pobre C. y su hermana C., se fumaron mi humor medio melancólico con los matices existencialistas típicos de aquellos que hacemos el doctorado: Para qué hago esto? Es lo que me hace feliz? Hacia dónde quiero ir? Y C., a quien no le cuesta ese mood, se subió a mi ola hablando de su suenio de ser piloto en Namibia :-/.
Para mi sorpresa, el Doktorandentreffen me cerró la boca y me puso en mi lugar: la pasé realmente bien, el lugar era hermoso, comí bien y hasta dormí como se debe. Ni hablar de que la lectura de mis nuevas páginas de la tesis me sirvieron para aclarar y refinar algunas ideas. Por la noche del jueves, ya habiendo avanzado bastante con nuestro trabajo, nos relajamos jugando, escuchando música y bebiendo cerveza Störchle -traída por Phil especialmente desde Bayern- hasta tarde. Al día siguiente terminamos nuestro trabajo “académico”, yo intenté sacar unas fotos con mi Diana y rollo de 120, nos comimos una especie de brunch y fuimos a dar un paseo por la montania. El clima, como milagro, mejoró muchísimo y hasta pude broncearme un poco. Ah, y me encontré una crayola en los pastos que se la regalé a Kirk, que se la regaló a Spain.
El recuento de goles ha dejado a la pobre y rutinaria Freiburg mal parada en relación con los dos intensos días en Bussang.
Además, en Bussang había buen queso, baguette, metegol, un tobogán para bajar de un semipiso a otro y mi cuarto tenía estrellitas pintadas en el techo.