Me poseyó


Correspondencia (II). Lo que ella contestó
Junio 18, 2008, 5:48 pm
Archivado en: Crisis, La Doctora Amor

Yo amo mis libros. Y digo “libros” de manera contundente. La “literatura” me parece algo poco carnal para ser amado. Yo amo mis libros. Y por eso les hago el amor -con más o menos éxito, como suele suceder siempre que uno hace el amor- cada día. Mis libros y yo nos casamos hace tiempo y en nuestro claustro de amor eterno ocurre que, a veces, dejamos la vida afuera. Yo amo mis libros. Los amo con obediencia proverbial, aunque ellos no me dejen amar muchas veces. Más de una separación me han provocado y algunos de ellos, ingratos e infieles, se han quedado en las arcas de otros ex-matrimonios. División de bienes, le dicen por ahí.
En busca de un banquete de amor polígamo, alguna vez, me quedo sentada, en el piso de abajo de la biblioteca de la Universidad, contemplando todos esos libros perfectamente dispuestos y el atardecer filtrado por los ventanales que los hace ver más hermosos. Todos esos libros me rodean obscenamente -y también me atormentan, como todo objeto de deseo- y yo los gozo en mi mirada, siempre fiel a ellos.
Desde tan chiquita mis libros fueron mi refugio -en ese entonces tenía una especial fascinación por un libro de poemas de Stevenson y por uno de García Lorca: así de anárquica y lúcida es la niñez- y por ellos renuncio a muchas cosas. Cientos de veces presagio que todo mi trabajo me producirá afasia y que, en realidad, quisiera tener un trabajo como el tuyo. Ser vos: trabajar de manera independiente y creativa, además de vivir en una ciudad de verdad. Es ahí cuando llego y me acuerdo de “mis libros y yo”. De nuestro pacto de protección mutua. Hay algo que ahora, mis libros y yo, queremos hacer. Al menos por unos años. Aunque signifique priorizarles por sobre lo que queda de mí; verdaderamente, para mí, siempre fueron primitivos y yo soy lo que resta de su historia: ellos van primero y yo después, sin “ellos”, no hay “yo”. Entonces sigo, a pesar del aluvión de caos existencial. A pesar de la rutina. Y a pesar también de la linealidad expuesta por mi C.V. O por lo que se ve.