Ayer releía las columnas de una blogista catalana que es muy graciosa y me topé entre sus líneas con que hablaba de su vuelta al “mercado de la carne”. No pude dejar de pensar en el fantástico Dr. Saxe que siempre me decía lo mismo allá lejos en las costas rioplatenses: “está duro el mercado de la carne Dra., usted se tiene que esforzar más; ya no es como antes”. Por más que me cueste admitirlo, soy parte de la hacienda del mercado de la carne hace casi un año. Y debo ser ganado difícil de arrear porque cada vez que me pongo a pensar en si busqué ganancia abundante en dicho mercado, me duele aún más reconocer que no.
Chateando con Jose -mi gran amiga de Cipolletti que ahora está en concubinato con su novio futbolista; Jose no es ninguna tonta- tuve que reírme tristemente de mí misma ante lo que ella me señalaba: por qué siempre me tocan los perturbados, los indecisos, los que “no saben si” o “por el momento no pueden” “estar conmigo” pero que me “aprecian taaaaaaanto”. En otras palabras, los histéricos. Yo tengo un imán que me los pega o es al revés: me les pego yo como imán a ellos?
Recapitulando mi último incidente con Mc Poet, cuando me rompió el corazón una vez más mientras estuve en Berlín y la posterior discusión vía chat/mail con éste, creí necesario desobsesionarme, desposeerme (?) de él. Qué mejor manera que empezar a hacer un informe más o menos regular de “el mercado de la carne”?!.A ver si en una de esas, la doctora sale del corral y, con suerte, se vuelve a enamorar.
Hace unos días vi a Prince Charming todo prince y todo charming como siempre, rodeado de unas cuatro chicas que iban como besando el suelo que él pisaba. Morocho lindo del Bodensee, Prince Charming sólo podría pensarse para un affaire mudo y de una noche porque no creo que tengamos muchos más temas en común que su belleza. Supongo que para encarármelo le voy a tener que gritar: “Hey morocho, quiero ser el churrasco que acompañe a esa papa frita”. Sino, teniendo en cuenta que es alemán y medio frívolo, seguiremos en la nada.
También puedo hacer lo que me enseñó el Dr. Saxe: la próxima vez tengo que interponerme en el camino de Prince y sus chicas, simular un desmayo y cuando me estoy cayendo mostrarle un pecho desnudo. Tal vez eso funciona.